“La gente feliz lee y toma café” Agnès Martin-Lugand

Título: La gente feliz lee y toma café

Autor: Agnès Martin-Lugand

Nº páginas: 200

Editorial: Alfaguara

Sinopsis: Tras la muerte de su marido y su hija, Diane no quiere saber nada del mundo. Sólo Félix, su amigo y socio, la mantiene anclada en la realidad, hasta que decide mudarse de la cosmopolita París a un pequeño pueblo de Irlanda para huir de sus recuerdos. Allí le esperarán el mar, una casa vacía y su nuevo vecino, Edward, al que detestará desde el principio. Aunque ya se sabe que la línea entre el odio y el amor es muy fina…

Crítica: Después de todo el verano escuchando hablar de esta novela, casi la primera cosa que hice en cuanto puse los pies en España fue conseguirla para leerla vorazmente. Y tan vorazmente, que apenas necesité dos días para llegar a la última página. Quizás porque mis expectativas eran tan altas, la decepción que me llevé fue tan grande. Quizás deba leerla de nuevo para poder sacar el jugo que debe de tener si ha estado en boca de todos, pero por lo pronto me quedo con la superficialidad de los personajes,de la narración, de la historia. La idea es buena, me gustó muchísimo, pero no la manera en la que está llevada, sin entrar en detalles, sin hacerte sentir lo que realmente sientes los personajes. No sentí una pizca de la desesperación de Diane mientras estuvo en casa, sola con sus recuerdos, ni cuando visitó el cementerio, ni cuando se encuentra sola en Irlanda.

Además, he de reconocer que la protagonista me parece muy mojigata, en especial cuando Megan aparece en escena. Daban ganas de darle una espabilina. Pero no siempre el protagonista de la historia tiene que gustarte, y traté de enfocar mi atención hacia la subhistoria: cuando se sufre una pérdida, hay que volver a ponerse en pie y seguir adelante, sin forzar las cosas. Sin prisa pero sin pausa. Lo que sí me gustó fue el cambio sutil que va sufriendo Diane en Irlanda a medida que los días pasan, de una forma natural, inconsciente.

Y, a pesar de todo lo que prometía la historia, sentí que me dejaba medio llena, que había muchísimo más que explotar en cada párrafo, en cada línea. Pero esto quizás se deba a que yo tiendo a entrar siempre en detalles, buscando plasmar la realidad lo más fielmente posible. Quedarme en la superficie no va conmigo.

No diré que recomiendo la novela, ya que me dejó con un sabor de boca agridulce, pero es corta, se lee rápido y puede resultar interesante para aquellos que gusten de novelas ligeras. Por mi parte ha conseguido que, pese a haberla terminado hace unos días, le siga dando vueltas en la cabeza, de modo que una novela cualquiera, desde luego, no es. Quizás hasta vuelva a leerla.

La gente feliz lee y toma café

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